El inicio de
esta tradición, debida a la gran religiosidad profesada por los habitantes de
este pueblo minero, data, según los cronistas, de 1598, aunque en los archivos
de la parroquia de Santa Prisca y San Sebastián se encuentran los registros de
los primeros permisos otorgados por la Iglesia para celebrar una procesión del Cristo del Santo
Entierro, en 1600. Esta
celebración, que continúa hasta la fecha, se lleva a cabo, según lo marque el
calendario católico, en el mes de marzo o abril, de acuerdo con el edicto del
Concilio de Nicea, que en 325 estableció que la Pascua o Domingo de
Resurrección se realizara el primer domingo que sigue a la luna llena que
aparece después del equinoccio de primavera.
El inicio de
esta tradición, debida a la gran religiosidad profesada por los habitantes de
este pueblo minero, data, según los cronistas, de 1598, aunque en los archivos
de la parroquia de Santa Prisca y San Sebastián se encuentran los registros de
los primeros permisos otorgados por la Iglesia para celebrar una procesión del Cristo del Santo
Entierro, en 1600. Esta
celebración, que continúa hasta la fecha, se lleva a cabo, según lo marque el
calendario católico, en el mes de marzo o abril, de acuerdo con el edicto del
Concilio de Nicea, que en 325 estableció que la Pascua o Domingo de
Resurrección se realizara el primer domingo que sigue a la luna llena que
aparece después del equinoccio de primavera.

El Domingo de
Ramos o de Pascua conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén,
entre una muchedumbre que lo aclama con ramas de olivo, palmas y flores; así
comienza la Semana Mayor. Desde muy temprano, los fieles se concentran en el
poblado de Tehuilotepec donde inician la procesión, organizándose para
conducir, en andas, las imágenes representativas de la ceremonia de ese día,
siendo la principal San Ramos o San Ramitos; en su recorrido visitan la capilla
de San Martín de Porres, en el barrio del Chorrillo, el templo del exconvento
de San Bernardino de Siena, hasta la parroquia de Santa Prisca y San Sebastián;
ahí son recibidos por el sacerdote, los cantores y los monaguillos, quienes
entonan los salmos y dan acceso a la procesión en medio de una aglomeración que
porta ramos de laurel y palmas hermosamente entretejidas que son bendecidas por
el cura.

A partir del Lunes Santo, los fieles inician una serie de procesiones
que se verifican por las noches, partiendo de los demás templos de la
ciudad o, incluso, de alguna población cercana; al son de las chirimías,
caminan, con las imágenes de sus correspondientes capillas en andas, los
empedrados callejones de Taxco, hasta llegar al sitio de reunión: la plazoleta
del templo de San Nicolás Tolentino, para iniciar de ahí el tradicional
recorrido, que es conocido como la Procesión de las Vírgenes, que son alrededor
de 30; la imagen principal es la de la Natividad, que va hasta el final,
mientras que, a la vanguardia, abriendo paso y protegiendo a las vírgenes
impacta la imagen de San Miguel Arcángel; así, los fieles, emprenden la marcha
graves y silenciosos, al constante toque de los tambores, llevando velas
encendidas cuya cera al escurrir les va quemando las manos. Participan también
mujeres penitentes que van descalzas y visten de blanco. Recorren el templo de
la Santísima Trinidad, el de la Santa Veracruz, el exconvento de San Bernardino
de Siena, la parroquia de Santa Prisca y San Sebastián, para regresar al punto
de partida.
El Martes Santo corresponde a la
Procesión de las Ánimas y encabeza San Nicolás Tolentino, una escultura de
proporciones semejantes a un humano, vestido sólo con un faldón negro,
descubierto del rostro y una aureola en cabeza, crucifijo y rosario en
mano, con evidentes muestras de flagelación y brotes de sangre en la espalda;
en su mano, una disciplina que es una variante de fuerte, pero con agudos
punzones o clavos de acero; le
siguen las Ánimas Benditas del Purgatorio, la Santísima Trinidad,
así como las imágenes de los arcángeles San
Rafael y San Gabriel; es la más concurrida, por participar en ella penitentes
de uno y otro sexo, que van divididos en tres grupos: encruzados, flagelantes,
y ánimas. Los hombres llevan el rostro cubierto con una capucha negra llamada capirote,
que se ciñe por el exterior de la cintura con un lazo tejido con la crin de
caballo, llamado cabestro, de 15 cm de ancho; van descalzos, arrastrando
cadenas, y el torso descubierto; los encruzados cargan un rollo de 2.5 m de
largo compuesto por 144 varas de zarzas con espinas, de un peso aproximado de
50 kg, lo amarran con el cabestro a sus brazos pasando por el cuello y entre la
boca como mordaza, haciendo sangrar su cuello y espalda; los flagelantes cargan
una cruz de madera de 3 por 2 m y 6 kg de peso, un rosario en una mano, y en la
otra una disciplina hecha con crin de caballo y clavos con la que azotan sus
espaldas, que lucen maceradas y sangrientas. Las mujeres van en otro grupo;
cubiertas de negro y descalzas caminan c o m p l e t a m e n t e encorvadas
llevando en los antebrazos un crucifijo de madera y un rosario; otras, velas o
cirios encendidos en ambas manos, arrastran cadenas que les aprisionan manos y
pies, produciendo un tenebroso sonido.
La identidad de estos participantes siempre permanece en secreto; lo
hacen para cumplir una manda o promesa, expiar sus culpas, pedir por la salud y
bienestar de algún familiar o de ellos mismos, pero nunca son improvisados, ya
que deben registrarse, para ingresar, con un año de anticipación, tiempo en que
practican diversos actos espirituales y asisten a pláticas que imparten los
religiosos.
El Miércoles
Santo se coloca
una escenografía del “huerto de los olivos” en el atrio de la parroquia de
Santa Prisca y San Sebastián, y los lugareños acuden con pájaros, loros y
pericos en jaulas; hacia las 21.00 horas, sale la Procesión de La Santísima
Trinidad desde el templo que lleva su nombre; es acompañada por los Apóstoles,
el Cristo de los Plateros, San Judas Tadeo, Jesús El Buen Pastor, el Señor de
la Misericordia, Santa Faustina Kowalska, Santa Cecilia, el Cristo del Coro, el
Padre Jesús del exconvento de San Bernardino, entre otras imágenes de distintas
capillas; años atrás, se acostumbraba llevar también al Señor del Calvario,
pero su rápido deterioro obligó a los feligreses a desistir de ello. Por
supuesto, también participan los penitentes antes mencionados.

El Jueves Santo, la procesión parte de la comunidad de
Xochula, presidida por el Cristo de ese lugar, hasta el templo de Santa Prisca
y San Sebastián, que luce grandioso y solemne, en donde, toda la mañana, una
imagen de Jesús permanece en el atrio adornado como el Huerto de Getsemaní; por
la tarde, se lleva a cabo la simbólica ceremonia del Lavatorio, donde Jesús,
representado por el sacerdote, lava los pies de sus discípulos y los invita a
participar en la Última Cena, celebrándose así los Sacramentos de la Penitencia
y la Sagrada Eucaristía. En el pórtico del templo se representa el
Prendimiento, por actores locales, y se inicia la procesión que encabeza quien
personifica a Judas Iscariote, seguido por Pedro, el pescador que busca a Jesús
con un farolito encendido, y los soldados romanos. Se llega a la capilla de San
Nicolás Tolentino, donde en una cárcel hecha para el propósito, se venera, toda
la noche, al Divino Preso. A los lados, hay charolas con monedas benditas que
los asistentes pueden tomar al dar su limosna. Por la noche, parte, del templo
de La Santa Veracruz, la Procesión de los Cristos, seguidos por las hermandades
de las Ánimas, encruzados y flagelantes. Recorren La Garita, Reforma, el
exconvento de San Bernardino, el zócalo, y la Santísima, para llegar al templo
de La Santa Veracruz.



El Viernes Santo se lee el Sermón de la Sentencia de
Jesús a las 6.00 de la mañana; a las 11.00, se organiza la Procesión de las
Tres Caídas, que parte del templo de San Nicolás. La imagen de Jesús con la
cruz a cuestas es conducida por la Vía Dolorosa, entre cantidad de fieles,
penitentes y los sayones, que van leyendo de tramo en tramo la sentencia de muerte,
hasta llegar a la plaza Borda donde se escenifican las tres caídas; en su
recorrido lo acompañan las imágenes de la Santísima Virgen, La Verónica y María
Magdalena, los lugareños que representan a los soldados romanos, los
encruzados, los penitentes, y un grupo numeroso de niños vestidos de angelitos.
A las 13:00 horas Jesús es crucificado, a las 16:00 horas se procede al
Descendimiento del Cuerpo Santo y se regresa al exconvento de San
Bernardino de Siena, donde se presenta a Cristo crucificado, y a su lado los
ladrones Dimas y Gestas. Más tarde, es bajado de la cruz y depositado en una
urna de cristal para llevarlo en hombros durante la llamada Procesión
del Santo Entierro; van, también, la
Santísima Virgen de los Dolores, la Magdalena, San Juan Evangelista, San Pedro,
y los imprescindibles penitentes; cantores entonan los salmos correspondientes.
Luego de varias horas, vuelven nuevamente al exconvento de San Bernardino para
llevar a cabo la liturgia del día y la ceremonia del Pésame. A la medianoche,
se inicia la Procesión del Silencio, en la que sólo figuran las imágenes de la
Santísima Virgen de los Dolores, San Pedro y devotos enlutados que marchan
solemnemente, mismos que velarán, durante toda la noche, al Señor del Santo
Entierro, en su ataúd de cristal.
En el Sábado de Gloria se
solicita a los fieles que guarden, durante todo el día, un absoluto silencio,
en señal de luto y tristeza por la muerte de Jesús. Por la noche, en la iglesia
de Santa Prisca y San Sebastián, hay misa solemne de Vigilia Pascual; a las
00:00 horas se celebra la misa de Resurrección, donde aparece la imagen del
Señor vestido con una túnica blanca y se abre la Gloria; los soldados romanos
que permanecían en el atrio caen desmayados por el impacto. En esta
celebración, se bendicen el agua y los aceites; al primer repique de las
campanas, se queman los judas; también se reparten, a niños y jóvenes, en forma
jocosa, jalones de orejas y golpecitos con el chicote, para recordarles que
deben tener un buen comportamiento; en las capillas se obsequian ramas de
mastuerzo, laurel y palmas benditas para usarlas como reliquias y quemarlas
cuando se presenta alguna tormenta o calamidad. El Domingo de Resurrección es
obligatorio asistir a misa, y los comerciantes que nuevamente venden carne
obsequian a sus clientes bastones, banderitas, palomitas de zompantle y muchas
curiosidades. Por la tarde, se lleva a cabo la Procesión de la Resurrección del
Señor, que porta en su mano derecha un estandarte; le acompañan las imágenes de
la Virgen María y San Miguel Arcángel; participan, además, las asociaciones
católicas juveniles, y es la última de este tiempo cuaresmal.


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